Findom Ana
Soy Mistress Ana, la última ama a la que servirás.
Yo tenía 17 años y él, 24. Sentada en la cama, le miré con
dureza; no sé de dónde salió el impulso, pero, sin titubear, le ordené que se
desnudase y se pusiese de rodillas. Casi me sorprendí cuando le vi obedecer al
instante. No dudó ni un segundo. Con tono contundente le dije: “voy a tocarme
hasta correrme, pero tú sólo podrás verme, ni me tocarás ni te tocarás”. El
pobre sólo alcanzó a asentir mientras su pene se alzaba con vigor. Comencé a masturbarme
despacio y después más fuerte, verle desnudo y arrodillado ante mí, sin poder ni
rozarse su polla, me excitó muchísimo. Me corrí dos veces y después, recostada
en la cama, susurré: “vas a quedarte así porque me de la gana. Y ahora masajéame
los pies”.
Desde esta experiencia, no he parado de dominar a los
hombres. Tanto en la cama como fuera de ella. Soy una Diosa y todos caen a mis
pies.
Si un hombre de verdad se somete ante mí, imagina qué
ocurrirá contigo. Sabes que eres un perdedor. Ambos sabemos que acudes a este
blog para rendir tu cartera a mis pies, para que te humille, para adorarme…
para suplicar convertirte en mi perro.
Soy caprichosa y me excita humillar a arrastrados como tú,
pero también soy buena persona y justa. Te trataré con respeto e incluso
seguramente trabemos una relación cordial, pero no dudes que terminarás
completamente sometido y suplicando darme tu dinero. No te preocupes, sólo
cogeré lo justo.
Ahora, perro, putita, cajero, o como prefieras que te llame,
ha llegado el momento de contactar conmigo, con tu última ama. Quizá intentes
resistir la tentación, pero afrontémoslo… cuánto durarás: ¿un día? ¿Dos? Ya
estoy colapsando tu mente. Antes de empezar a leer, ya eras mío.

